Seleccionar página

Trabajar frente a una computadora tiene una trampa silenciosa: te va anclando a la silla. Yo venía de una vida de caminar los cerros de la Álvaro Obregón, pero la mudanza a Iztapalapa, la pandemia y la paternidad me encerraron en el auto y en la oficina.

Como buen «nerd» y siguiendo el espíritu de Athos en Los Tres Mosqueteros (quien decía que los consejos se piden para no seguirlos o para tener a quién culpar), me costó engañar a mi cerebro para activarme. Sin embargo, encontré en los Hábitos Atómicos de James Clear y en mi adicción a los videojuegos el vehículo perfecto para recuperar mi salud.

Aquí les comparto mi ruta de entrenamiento basada en el sistema de micro-recompensas.

1. Pokémon GO: Redescubriendo Santa María Aztahuacán

El primer paso fue salir a la calle. Pokémon GO fue el gancho. Durante meses recorrí las calles de mi nuevo barrio, capturando pokemones entre alebrijes y placas históricas.

  • El impacto: De pronto, ya no estaba «haciendo ejercicio», estaba cumpliendo misiones. Las rutas estratégicas de los kioskos en Aztahuacán se convirtieron en mi gimnasio urbano. Caminar ya no era un trámite, era una exploración.

2. Fitness Boxing 3: La sombra en la sala de estar

Cuando quise subir la intensidad, la Nintendo Switch y sus Joy-Cons fueron la clave. Como alguien que practicó box (un saludo a Miguel del Logan Boxing Team en Coyoacán), este juego me permitió recuperar la memoria muscular.

  • La ventaja: El sistema de ritmo es impecable. Hacer «sombra» con sensores de movimiento te permite pulir la técnica sin pagar una mensualidad de gimnasio, aprovechando cada minuto de dopamina que el juego te lanza por cada golpe bien dado.

3. Knockout Home Fitness: El reto del Muay Thai

Buscando variedad, encontré este juego. Seré honesto: gráficamente es inferior y su mecánica no es tan «limpia» como la de Fitness Boxing. Sin embargo, dio en el clavo con algo que me faltaba: patadas.

  • El desafío: Introducir movimientos de Muay Thai, Karate y Kung Fu fue un shock para mi sistema. Los movimientos de Muay Thai me eran ajenos y difíciles, pero la repetición —esa bendita memoria muscular— hizo su magia. Hoy es mi herramienta principal para sudar la gota gorda y pulir una técnica que antes me era totalmente desconocida.

«Hazlo atractivo»

Si, se trata de fuerza de voluntad, pero fortalecerla se trata de diseño de entorno. He logrado una rutina de 45 minutos, 5 días a la semana, no porque «tenga que hacerlo», sino porque mi cerebro recibe la dopamina que necesita para ser feliz mientras mi cuerpo se fortalece.